Los efectos de la memoria…

Pedro Ángeles Jiménez

 

Este documento se leyó el jueves 20 de septiembre en la mesa redonda titulada “Archivos fotográficos y digitalización: retos de la conservación de la memoria digital”, en el marco del evento “Retina 2007”, organizado por el Tecnológico de Monterrey campus Ciudad de México. Participaron: Fernando Osorio (Escuela Nacional de Conservación), Juan Carlos Valdez (Director- Sistema Nacional de Fototecas SINAFO), Pedro Ángeles (Coordinador Archivo Fotográfico Manuel Toussaint. Instituto de Investigaciones Estéticas del la UNAM).

Cuando iniciamos la aventura de remontar en el conocimiento de los temas pertinentes a la digitalización, pretendiendo averiguar cómo ese misterioso concepto podría alguna vez ayudar o influir en las tareas sustantivas de nuestro Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, resultaba difícil, en perspectiva, imaginar los alcances a que nos conduciría tal decisión. Más allá de los esfuerzos iniciales hechos de manera individual, un detonante principal en toda esta experiencia, fue un proyecto CONACYT que denominamos Banco de imágenes del patrimonio artístico mexicano, el cual inició en mayo de 1999, y tuvo como objetivo analizar las problemáticas y tecnologías necesarias para configurar el proyecto de digitalización del Archivo. El financiamiento derivado del proyecto CONACYT, posibilitó una escalada de eventos, algunos de la importancia del Encuentro Internacional los Acervos fotográficos y la imagen digital” -en el que gratamente recuerdo la participación de Rosa Casanova y Fernando Osorio, aquí presentes-. Encuentro mítico en el imaginario de quienes trabajamos en Archivo Manuel Toussaint, porque ahí conocimos lo mismo proyectos del calibre de Corbis o personalidades como Franziska Frey, lo mismo que algunos de los proyectos que por entonces, iniciaban algunas dependencias tanto de la Universidad Nacional como de otras instituciones en el país.

La riqueza hallada en el Encuentro no acabó con la propia reunión académica. Tuvo un inesperado hilo de continuidad con la fundación del querido Seminario de Digitalización, que desde entonces mantiene una presencia modesta, aunque también constante y para mi significativa, pues ha sido el espacio donde la discusión y el intercambio de experiencias, nutren de manera considerable cuanto pienso en lo personal sobre el tema que reúne esta mesa, y por lo mismo, cuanto nos ha tocado delinear entre las decisiones y los caminos que llevamos andados.

Traigo a colación esta historia en apretada reseña, porque entre los efectos de la memoria… recuerdo que también llegaron las sorpresas y debates, como cuando a mediados de 2003, gracias a una lista de discusión de historiadores del arte de la Universidad de Princeton, que me reenvió la Dra. Clara Bergellini, conocimos un comunicado de la Eastman Kodak Company, en el que la trasnacional anunciaba que mandaría al renglón “descontinuados”, toda su producción de proyectores de diapositivas y materiales anexos, dejándolos de producir hacia fines de 2004, aunque garantizando soporte, servicio y piezas de repuesto hasta el año de 2011.

Ya antes, la misma empresa, que tenía aquí, al lado de este campus del Tecnológico de Monterrey unas instalaciones y otras en Calzada de Tlalpan, había cancelado procesos como el R3, que permitía el paso de diapositivas a papel fotográfico, y la película internegativa en tamaño 4×5 pulgadas. Con tales noticias nos fuimos enterando cómo ese gigante de la fotografía, campeón de la imagen fotográfica con participación de procesos químicos, tomaba la decisión de virar todo su potencial de mercado a la veleta del dominio del bit, decisión cuyas consecuencias paulatinamente llegarían afectarnos a todos. Todavía lo recuerdo, porque “recordar es vivir…”, y creo que todos hemos sido testigos de cómo inexorablemente fueron desapareciendo los otrora prósperos negocios de impresión de fotografía, lo mismo que los grandes stocks de película, que consiguiéndose todavía, cada vez resulta un material de trabajo más escaso.

Como va el cuento, creo indispensable ampliar una línea que les explique por qué razones estos temas y eventos atrajeron tanto la atención de un Archivo como el nuestro. Y es que subrayando la importancia del comunicado de aquel 14 de julio, se antelaba el retiro de el mercado de uno de los más queridos y usados instrumentos, que por aquellos años era uso corriente: el proyector de diapositivas, rey que dominó los aspectos visuales de la docencia y las conferencias por más de medio siglo, material didáctico indispensable para la enseñanza de la historia del arte que al fallar… metía en aprietos a cualquier conferencista, pues la imagen proyectada al público era -a pesar de que se trabaran las diapositivas, o estuvieran fuera de foco, o se quemaran tras exponerlas por largos periodos en sus entrañas-, era al fin y al cabo eje central de todo discurso.

Han de saber que el Archivo Fotográfico Manuel Toussaint tiene entre sus encomiendas, servir como centro de documentación de las imágenes que solicita el personal académico del Instituto de Investigaciones Estéticas, y que por lo mismo, su fondo se nutrió principal, aunque no exclusivamente, con diapositivas; de las 720,000 imágenes que contamos en inventario, más de 450,000 son imágenes de ese tipo, todas ellas registros del patrimonio artístico mexicano, tomadas fundamentalmente en el periodo que media entre los años de 1950 hasta 2007.

Pero el bit… quien lo diría, y por supuesto también toda la parafernalia comercial en torno a las nuevas tecnologías, se hayan presentes entre nosotros cada día con mayor fuerza. Es uno de los temas cotidianos que nos aquejan y nos impulsan: verbigracia, algunas secciones de nuestra diapositeca ya no se nutren con tomas nuevas mientras otras resisten; nuestros usuarios, sobre todo externos al Instituto, cada vez que solicitan algún servicio de reproducción de imágenes, lo piden digital. Por su parte, los problemas para conseguir materiales fotográficos analógicos resultan cada día más difíciles de sortear, sobre todo cuando esa variable se combina con los mecanismos administrativos que tiene la Universidad para adquisición de implementos… y en cambio, inversamente, la tecnología digital resulta cada día más asequible.

Como lo ven, describo en términos locales algunos de los efectos de la famosa convergencia digital, uno de los brazos armados de la globalización, que día con día y de manera gradual y metódica, afecta, en el más profundo sentido que se lo imaginen, la vida de todos; construyendo el futuro, uno en el que podemos invitarnos a participar siendo protagonistas, o del que podemos excluiremos hasta llegar a ser simples usuarios o espectadores.

Como siempre, el pez grande que se come al chico, y la convergencia digital está modelándolo todo, expandiendo unas empresas y desapareciendo otras; unificando criterios, desde el SMS de la telefonía celular, hasta el triple play de televisión, telefonía e Internet; fomentando grandes riquezas y grandes pobrezas; obligándonos a conocer y resignificar alegorías y términos como los de carretera de la información, brecha digital, sociedad de la información y sociedad del conocimiento. Y en medio de todo, el bit, campeando entre los saberes y las ignorancias de una sociedad global, que apenas da crédito al hecho de que la enorme variedad de formas que creó para salvaguardar su memoria, desde su más remota existencia, hoy converjan ahora en una sola, donde hoy se fija y se distribuye el conocimiento humano, convirtiéndose en información.

Pero… si hoy opera que desde nuestras computadoras domésticas hagamos pagos en Amazons o traspasos nuestra cuenta bancaria… ¿esto seguirá operando así el futuro?. Si esta es una pregunta inquietante, porque toca las conductas más íntimas que tenemos al administrar nuestro dinero, qué decir cuando sabemos que un alto porcentaje de la información escrita en los últimos años, se hizo y esta confinada a medios tan frágiles como han demostrado ser los tecnológicos. Hoy en día, las fotografías y bases de datos de nuestro patrimonio ya son digitales o están en procesos de conversión… ahí tienen la música, el cine, las imágenes y los documentos, hasta la voz y el video: casi pareciera, como lo escribí alguna vez, que nos empeñamos en guardar lo trascendente en lo intrascendente, que queremos salvar lo eterno en lo transitorio [1].

Si existe un algoritmo en la tecnología del binary digit, es el de la inestabilidad causada por su propio y desenfrenado desarrollo. Desenfrenado a medias, porque bien sabemos que como usuario, debemos cambiar nuestros sofwares y el hardwares en esa carrera hacia más rápido, más eficiente, mejor diseño… etcétera, para que sigamos gastando en computadoras más nuevas y softwares mas evolucionados, atrapados entre las redes de los crecimientos exponenciales de la famosa ley de Moore. Pero si esto es así… ¿cómo podemos garantizar que nuestros bits, valiosos, porque representan tanto trabajo y esfuerzos económicos… perdurarán?. Imaginen a un arqueólogo del futuro, cuyas estratigrafías estarán en poder leer viejos sistemas operativos, y reconstruir archivos que como el genoma, pueden sustituir las cadenas necesarias para volverlos a utilizar. Entonces serán necesarias máquinas con la posibilidad de leer una enorme variedad de dispositivos, que ahora nos parecen tan familiares… como la memoria USB, pero que en su momento serán sustituidos por nanotecnologías que harán de la red y de la carretera de la información, algo digno para que Julio Verne reescribiera una buena cantidad de sus historias.

Para abrir otra vertiente sobre este argumento, permítanme divagar ahora sobre qué maravillosas impresiones provocan los muros pintados en la caverna de Lascaux, aunque admita que inventemos mucho sobre lo que representan o significan… aún existen. Aún se puede leer un papiro, la inscripción romana de una lápida o un friso, un códice medieval o una estela maya…. porque su materialidad permite a epígrafos y lingüistas trastocar el tiempo y revivir, aunque sea en un teatro de sombras, la historia de los Ptoloméos o las andanzas de Carlo Magno. No dejaré de sorprenderme que sepamos tanto de Apeles, príncipe de los pintores en la Grecia clásica, sin que nos halla llegado ninguna de sus pinturas. Y meditar en estas cuestiones, suelo preguntarme si el bit tendrá tanta fortuna, si los cd o dvd con baño de metales nobles, ¿podrán ser leídos en los próximos 1000 años?.

Otro hilo interesante de seguir, es que inversamente proporcional a su duración en el tiempo, un objeto donde se fija la memoria, también resulta más difícil de portar, copiar y difundir. Mientras eso ocurre con objetos análogos, un archivo electrónio podría, potencialmente, ser distribuido entre cualquiera que tenga acceso a la red.

En este mundo donde la información manda, la memoria parece flaca, pero les aseguro pagando sus costos correspondientes, nuestros bits -quizá no todos- viajaran seguros en cápsulas del tiempo hacia remotos futuros, diciendo algo a quienes los quieran y sean capaces de entenderlos, en el curso de una existencia futura acaso diferente a la nuestra, pero acaso también sustancialmente humana.

Mientras, no queda otro remedio -tal como lo sugirió en otro lugar Fernando Osorio-, que sentarnos en nuestras terminales scriptorium y convertirnos en amanuenses del bit: y copiarlo y copiarlo para salvaguardarlo, y migrarlo y migrarlo para actualizarlo. Si me preguntan si tanto esfuerzo merece la pena, déjenme bordar sobre algunos otros cabos sueltos.

Primero, me gusta decirlo, descubrí que iniciar cualquier proceso fundamentado en estas tecnologías resulta un pacto con el diablo. Un contrato con cláusulas irrenunciables, en el que se llega a apostar el alma porque difícilmente es posible echar vuelta atrás. Esta es la convergencia digital, la que obligadamente nos encamina a digitalizar formatos del pasado y a trabajar digitalmente del hoy hacia el mañana.

En este esfuerzo, ya todos deben saberlo, el bit no gobierna de manera absoluta. La conservación de los materiales analógicos continúa siendo tarea sustantiva y digitalizarlos, jamás debe expresar la imagen de que significa sustituirlos. Después de todo, la materialidad de lo análogo es consustancial a aspectos de la más intuitiva existencia, esa que tiene sustancia y con la edad envejece, y al hacerlo se convierte en recordatorio de que un lápiz es verdadera tecnología de punta. No puede pasarse por alto que entre el juego de espejos en que nos movemos, el bit deconstruye una referencia de lo que primero existe.

Desde esa perspectiva, digitalizar imágenes ha de tener un sentido. Uno, que se relacione con la construcción del conocimiento, pues finalmente el Saber se liga íntimamente con el esfuerzo de construir los conceptos y las categorías con que organizamos el universo, volviéndolo inteligible, y en ese camino, también más asequible. Justamente en ello veo la virtud de convertir nuestras imágenes en información, pues sumadas al esfuerzo de clasificación con el que todo archivo pertrecha su guerra ante el caos de sus fondos, la digitalización deja de ser premisa de conservación, para convertirse en premisa de acceso. Sólo así nuestros mapas de bits se convertirán en aliados y coadyuvar a tareas tan fundamentales como el ordenamiento de nuestros materiales, y sacando el mejor partido de las nuevas tecnologías, en constituirse como otra herramienta para su difusión.

En este punto hago balance de cómo instituciones arquetípicas, depositarias de bienes patrimoniales tan impresionantes como la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América o la Biblioteca Nacional de Francia, realizan cada una por su parte, esfuerzos increíbles para difundir sus acervos aprovechando la carretera de la información. Podría decirse que, con el paso del tiempo, sus sitios en Internet se convirtieron en buena muestra del legado que custodian, y más allá de sus necesidades locales, al difundirlo, lo convierten en un patrimonio que nos es asequible a todos [2].

Por ello, entre los caminos de la convergencia cada día cobra mayor poder la idea de que lo que se representa en línea, debe guardar correspondencia con lo que se es en la realidad. De ahí parten nociones que conduce a la formulación de conceptos como el de visibilidad o invisibilidad en la red, cuya jerga advierte nuevas problemáticas que afectan otra vez nuestros quehaceres sustantivos.

Visibilidad y acceso forman un binomio que encarna otra aspiración cada día más importante en la construcción de la red de redes. Una que se ejemplifica con todo su peso al invocar movimientos como el Open Access, y frases tan demoledoras como aquella divisa de la hemeroteca científica en línea Redalyc que sentencia: “La ciencia que no se ve no existe” [3].

Desde luego, decir es más fácil decir que hacer, porque otra de las cuestiones que se hizo evidente en nuestras experiencias, es que para la realización de un gran proyecto de digitalización, no basta conocer la naturaleza y comportamiento del bit, o tener escaners o cámaras digitales de altísima resolución, perfectamente calibradas a monitores e impresoras dentro de una bien diseñada cadena de producción de imágenes digitales, que tienen perfectamente caracterizados los diferentes tipos de materiales fotográficos, bien definidos los tamaños de las imágenes para salvaguardarlas en archive files, que a su vez, requieren de un tratamiento diferenciado de las imágenes para salida de impresión o para su recepción en pantalla. En un país donde la digitalización no forma parte de una política integral para la cultura, todavía hay que remontar en cuestiones como el acondicionamiento de una base tecnológica capaz de soportar grandes volúmenes de información, e introducir a las instituciones conceptos como los de repositorios digitales, sistemas RAID, o la utilización de sistemas informáticos robustos, capaces de solventar las aspiraciones de socialización del conocimiento.

Tengo la impresión que en este cotejo de brechas, hace falta más de un esfuerzo aislado, porque los retos no solo van de la mano con saber de que modo cada institución resuelve o puede resolver los planteamientos que genera la convergencia, si ante la citada carencia de políticas culturales, ha de hacerse frente a problemas como los que se plantean desde terrenos como el de nuestra legislación, o la necesaria inyección de recursos económicos y formación de recursos humanos que nos ayuden a solventarlas.

Así, casi concluyo, les comento que hoy, nada obliga a las instituciones culturales depositarias de patrimonio, a crear vehículos de acceso a sus colecciones. Es una prerrogativa que podemos tomar o no, pero que resulta imperioso considerar en discusiones amplias y profundas, si es que consideramos que vale la pena dotar de acceso a una sociedad que financia con dinero público a las instituciones públicas, y que sólo es cuestión de tiempo para que esa sociedad, más confiada de su participación y sus derechos, tarde que temprano nos lo exija.

Después de todo… la biblioteca de Alejandría se incendió y la humanidad continuó su camino. Ante la incuria de nuestras sociedades, cuantos monumentos derrumbó la guerra, el descuido y las acciones humanas. Que todo cambia, lo sabemos, que el futuro exista, puede ser el peregrino pensamiento de buenos deseos. Ya lo decía Borges, filosóficamente hablando, el pasado tiene la misma consistencia del futuro. Trabajemos por el presente, por divulgar lo que nuestros archivos tienen, no salvaguardándolos como tesoros infranqueables, sino como posibilidades de conocimiento, como representaciones que doten a la palabra Patrimonio del profundo sentido de su significado.

 

Anexo

 

Mensaje donde Kodak confirma su proyecto para descontinuar proyectores de diapositivas y sus accesorios.

 

July 14, 2003. Kodak Pre-discloses Plans To Discontinue Slide Projectors and Accessories in 2004.

Eastman Kodak Company has confirmed plans to discontinue the manufacture and sales of slide projection products and accessories in June of 2004.

Slide projectors continue to be used in many government applications due to a proven track record of cost-effective, reliable, high-quality image projection. Combining the seven years of service and support with a long history of trouble-free operation, means that slide projectors will continue to enjoy many years of productive use.

This early disclosure is being made to key user groups in order to allow time for adoption of a replacement technology or purchase of backup slide projector products.

The KODAK products included in this event are CAROUSEL, EKTAGRAPHIC, EKTALITE and EKTAPRO slide projectors and all KODAK Slide Projector accessories.

The current plan is to cease manufacturing in June 2004. Kodak anticipates that small quantities of new Carousel, Ektagraphic, Ektalite and Ektapro slide projectors will be available through the end of 2004. In addition, the Kodak distributor, Comm-Tec, in Germany plans to sell Ektapro projectors and accessories beyond 2004. Kodak will offer service and support for slide projectors until 2011.

Investigating and installing replacement technologies can be a challenging and costly effort with a long implementation timeline. So, many may wish to purchase backup units for currently installed slide projectors while making the transition. Upcoming government budgeting activities make it prudent to pre-disclose now in order to allow ample time to include slide projector demand in the government budgeting plans for 2004.

Making Kodak aware of your future requirements will insure that there is enough products on hand before production ends. You can do this by contacting Glenn Prince, Kodak Account Manager, Government Markets (678)

339-0723,

glenn.prince@kodak.com .

Thank You,

Glenn R. Prince

Eastman Kodak Company

Have a peaceful, joyous day.



Notas:

 

[1] Pedro Ángeles Jiménez, ¿Cómo transmitimos los valores de nuestro patrimonio cultural?, consultado en septiembre de 2008.

[2] Para profundizar sobre algunos aspectos aquí presentados, se recomienda leer el artículo: Panorama de la digirtalización de bienes culturales en México, documento de trabajo presentado por Pedro Ángeles, Ramón Aureliano, Jacob Bañuelos, Idalia García, Paulina Michel y Margarita Morfín en el marco del “Foro Digitalización y Patrimonio”, Ciudad de México, 16 y 17 de noviembre de 2005 . Consultado: septiembre de 2008. Muchas de las ideas bordadas en el documento que ahora se presenta se deben a charlas con la Dra. Idalia García y el Mtro. Ramón Aureliano. El escribirlas aquí, es circunstancial, porque muchas las formulamos juntos.

[3] Véase como ejemplo alguna página de la hemeroteca científica en línea Redalyc, consultada, septiembre de 2008.

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